#Opinión: La salud mental también debe ser prioridad

Como cada 10 de octubre, se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Y en esta línea, Chile es el segundo país del mundo que más ha empeorado producto de la crisis sanitaria, económica y social provocada por el COVID-19. La  gran mayoría de la población enfrenta algún cuadro de ansiedad, rabia, miedos y frustraciones que se han ido incrementando producto de este contexto, pero que han estado presentes en la vida de las personas desde siempre. Estos elementos estresantes pueden gatillar, fácilmente, en trastornos, además de que pueden aumentar el consumo de alcohol y drogas.

 

La consultora internacional IPSOS asegura que el 56% de las personas señala que su salud mental ha empeorado con la pandemia.

 

Por otro lado, el sobreendeudamiento genera un efecto negativo en la salud de las personas, aumentando el nivel de ansiedad, estrés, depresión, de consumo de drogas y alcohol e incluso el suicidio. Las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) señalan que la tasa de desocupación a nivel nacional fue de un 9,4% para el primer trimestre y la tasa de ocupación informal a nivel nacional un 26,7%, lo que evidencia que el proceso de acceso al empleo está limitando y que la búsqueda de nuevas alternativas ha sido una salida importante para quienes no cuentan con estudios profesionales.

 

Lamentablemente, tener acceso a  la salud mental en nuestro país es un lujo. La estadística señala que sólo un 38% de las personas recibe un tratamiento eficiente, lo que deja al descubierto, una vez más, las inequidades sociales que atraviesan a nuestro país, así como también la incapacidad que ha tenido el modelo de desarrollo en dar respuesta a las necesidades de las personas y el abandono de las políticas públicas.

 

Importante es señalar que sólo el 2% del presupuesto en salud se destina a salud mental, cifra bastante alejada de los países OCDE (sobre el 9%).

 

El estudio del departamento de psiquiatría y salud mental de la Universidad de Chile (2019) refleja que los niñas y niñas de nuestro país sufren la peor salud mental del mundo, afectando al 25% de los niños y niñas menores de 6 años, así como también entre un 12% y 16% de las niñas y niños padece de ansiedad y depresión.

 

Es menester generar acciones que reflejen los diversos grupos de riesgos, entregando soluciones de forma focalizada, reconociendo las diversas realidades que atraviesan las personas, y de esta forma la construcción de programas de apoyos deben basarse en un trabajo colaborativo que incluya no sólo a profesionales de la salud, sino que también a las familias y comunidades.

 

Resulta necesario cambiar los paradigmas basados en el individualismo y fortalecer la empatía y solidaridad, priorizando el bienestar de las personas por sobre la competencia, sobre todo en un país como el nuestro, en el que las cifras, tristemente, no nos acompañan.

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